11h42 CEST
31/03/2025
Endrick es definición de resolución. Resulta extraño que con el poderío resolutivo que tiene, no haya jugado más desde su desembarco en el club blanco, ya no tanto como titular, sino como revulsivo desde el banquillo en esos partidos que se pusieron cuesta arriba para los de Ancelotti. El joven, con su recién cumplida mayoría de edad, es puro desparpajo, es gol. No se amilana, crea jugadas, se desmarca, pide pase con el descaro propio de su edad y remata haciendo un auténtico golazo de esos que levantan el anfiteatro.
El Real Madrid no duda de su acierto en ficharle, llevaban años detrás de él, y saben de su valía y de que será uno de los pocos que lleguen al olimpo de los mejores. Tiene que jugar más y va a jugar más, sus seis goles en apenas cuatrocientos minutos demuestran que tiene hueco en un equipo, que, aunque con un plantel lleno de estrellas, apostarán por él y lo convertirán en uno de los mejores. Su facilidad para ver el gol, su remate certero y su rapidez, son condiciones que todas juntas demuestran su brillantez.
Dicen que su secreto para lograr esas condiciones que posee, está en una genética sin parangón que han sabido entrenar durante la etapa madurativa del jugador y que le hace tener una fuerza descomunal en el tren inferior. Velocidad de carrera y de desmarque que finaliza con un tiro seguro en el que apenas muestra dificultad, así es
Endrick. Si logra gestionar su ansiedad por jugar y acepta las directrices de Carlo Ancelotti, acabará siendo importante esta temporada.