21h37 CET
13/03/2026
Getafe (Madrid), 13 mar (EFE).- Luis Milla llega al Metropolitano en plenitud. A los 31 años ha alcanzado su madurez futbolística. Nunca fue una promesa ruidosa, pero sí un talento constante. Su nombre sonó hace tiempo para dirigir el centro del campo del Atlético y este sábado volverá a presentarse ante ese tribunal exigente que es el estadio rojiblanco.
En el Getafe de José Bordalás, donde la cultura del esfuerzo es casi un dogma, Milla representa una pequeña anomalía. Suda como el que más, pero piensa como pocos. Es un futbolista de pie fino en un equipo de botas firmes. Un organizador con vocación de obrero. Una mezcla que explica muchas cosas.
Siempre escoltado por Mauro Arambarri y con la ayuda intermitente de Djené Dakonam o Mario Martín, es el encargado de poner orden en el bullicio competitivo del conjunto azulón. Aporta sensatez, equilibrio y kilómetros. Muchos kilómetros. Tiene algo de centrocampista simeonista sin haber vestido nunca de rojiblanco: intensidad sin pausa, compromiso sin alarde.
Su temporada es probablemente la más completa desde que llegó al Getafe en el verano de 2022. Las lesiones que en otros momentos frenaron su progresión -hasta siete en los isquiotibiales de la pierna derecha, dos en la rodilla derecha y una en el abdomen- han quedado atrás. Solo una expulsión en Villarreal le ha impedido jugarlo prácticamente todo.
Además, ha descubierto una nueva virtud: la del último pase. Suma ocho asistencias, solo superado por Lamine Yamal, que acumula diez con el Barcelona. Ha dejado atrás su mejor registro, las seis que firmó con el Tenerife en la temporada 2019/20. Cada balón parado que sale de su bota derecha contiene una amenaza. Centra con precisión de relojero.
Para Bordalás es algo más que un mediocentro. Es su voz sobre el césped, su extensión táctica, el jugador al que mira cuando el partido se desordena.
El técnico lo explica así: "Sabe lo que necesita el equipo, hablamos mucho durante la semana, le recordamos por su posición a él y Mauro que muchas veces tenemos ese ansia de desordenarnos y de alguna manera les transmite eso. A veces a él hay que decírselo, que es muy impetuoso, es ganador y a veces nos ha ocurrido. Los equipos tienen verticalidad, velocidad, hacen contras increíbles y esos desajustes intentamos entre todos ayudar al equipo. Y lo hace de manera notable".
Un suelo abierto y 30 millones de cláusula
Milla también mira más allá. El Mundial aparece en su horizonte como una ilusión legítima. En el Getafe no es habitual que citen a sus jugadores para hacer escala con la selección, pero él no renuncia.
"Soy muy ambicioso y tengo ganas de mejorar. La selección es un sueño. Claro que tengo ganas y claro que lo imagino. Hay que ser ambicioso, porque la selección es el sueño de todo jugador", apuntó después de la victoria de su equipo ante el Betis.
El Getafe vive uno de esos momentos en los que la palabra milagro empieza a deslizarse en las conversaciones. Solo ha perdido uno de sus últimos siete partidos y en ese impulso colectivo late el pulso constante de su metrónomo.
Milla tiene contrato hasta 2027. Su valor de mercado, cifrado en 3,5 millones según Transfermarkt, parece escaso para lo que ofrece. Su cláusula, cercana a los 30, suena más acorde a su importancia.
El Metropolitano tendrá este sábado la oportunidad de observar de cerca a un futbolista que combina talento y sacrificio, dos cualidades con ADN Simeone. Será un examen exigente. También una reivindicación silenciosa. Porque hay jugadores que no necesitan hacer ruido para marcar el ritmo de un partido. Y Milla, sin duda, es uno de esos jugadores.
Juan José Lahuerta