12h27 CET
06/02/2026
Londres, 6 feb (EFE).- Poco queda ya del Leicester City campeón de la Premier League en 2016. El título en sus vitrinas, los recuerdos por el estadio y las anécdotas de aquella época, pero con la salida en verano de Jamie Vardy, el último reducto de la victoria más improbable en la liga inglesa se esfumó.
Ahora corren tiempos oscuros para los 'Foxes'. El verano pasado se consumó el descenso al Championship, provocado en parte porque el equipo solo ganó un partido entre el 3 de diciembre y el 3 de mayo, y, aunque este curso cuenta con uno de los mayores presupuestos de la categoría, volver a la Premier es una utopía.
Este jueves, el Leicester fue sancionado con la pérdida de seis puntos por incumplir las reglas financieras en la temporada 2023-2024. El club superó en más de 20 millones el límite de pérdidas que establece la EFL (la institución que rige las divisiones inferiores), no entregó la documentación necesaria a tiempo y no cooperó con la investigación.
La sanción deja al Leicester al borde de los puestos de descenso y solo fuera de ellos por la diferencia de goles.
LA CAÍDA
Pero, ¿cómo puede ser que un club que hace una década celebraba una Premier League con Andrea Boccelli cantando en su campo, esté ahora peleando por no descender a League One?
Tras el título hace diez años, el Leicester no se derrumbó inmediatamente. Pese a la salida de estrellas como Riyad Mahrez y N'Golo Kanté, y poco después la de Claudio Ranieri, el club siguió siendo competitivo varias temporadas. Ganó la FA Cup en 2020, llegó a los cuartos de final de la Champions League en 2017, sumó la Community Shield en 2021 y escaló hasta las semifinales de la Conference League en 2022. Además, dos años consecutivos acabó quinto en liga, a escasos puntos de volver a clasificarse a la Champions.
Ahora, sabemos que esas casi clasificaciones a la Champions jugaron una parte importante a la hora de desequilibrar las cuentas de los 'Foxes'. De haber conseguido ese cuarto puesto, se habrían justificado muchos de los gastos de aquella época y quizás el club no habría incumplido el 'fair play' financiero correspondiente a las temporadas 2021-2022, 2022-2023 y 2023-2024, lo que ha resultado en la pérdida de seis puntos.
Acabada la campaña 2021-2022, cuando terminaron octavos en Premier, la edad de oro del Leicester llegó a su fin. En los despachos, el club no supo gestionar los 70 millones que ingresaron por Wesley Fofana, gastando la mayoría de ellos en Wout Faes, Viktor Kristiansen y Harry Souttar, mientras que en el campo la situación se volvió insostenible. Pese a tener a jugadores como Vardy, Ayoze Pérez, Youri Tielemans, Harvey Barnes y James Maddison, no ganaron ningún partido en las siete primeras jornadas, Brendan Rodgers, el técnico de los últimos éxitos, se marchó en abril y el equipo descendió en la última jornada.
DOS DESCENSOS Y PROBLEMAS FINANCIEROS
De vuelta al Championship, el club tuvo la visión para contratar a un técnico de élite, Enzo Maresca, que los devolvió a la Premier sin titubear y tras apenas un año en el pozo. No en vano tenían el mayor presupuesto de la categoría y la mejor plantilla, en parte porque muchos de los jugadores más importantes tenían contratos suculentos firmados en la Premier y no querían marcharse.
Sin embargo, Maresca duró poco y no dirigió al grupo en la temporada siguiente. El italiano se fue al Chelsea, con el que ganó la Conference League y el Mundial de Clubes, y el Leicester confió en un Steve Cooper que repitió la terrorífica 2022-2023, solo que ahora con peor equipo. En noviembre fue despedido, con un triunfo en doce jornadas, y se contrató a Ruud Van Nistelrooy, que completó uno de los peores periodos como entrenador que se recuerdan en la máxima división del fútbol inglés.
Su Leicester no marcó en casa entre el 8 de diciembre y el 12 de abril y con el descenso más que asegurado, la única razón para no despedir al holandés fue el poder computar su finiquito al curso siguiente, tratando de aliviar la presión del 'fair play' financiero.
Este curso, el español Martí Cifuentes trató de revitalizar una plantilla que pide a gritos una oxigenación, pero fue despedido hace escasas semanas, lejos de los puestos de 'playoff' y con una perspectiva más de sufrir por no descender que de volver a la Premier.
A los problemas deportivos hay que sumar también los extradeportivos que ha sufrido este Leicester desde la pandemia. El club está en manos de la familia Srivaddhanaprabha, dueños de King Power, una empresa de 'duty free' que sufrió los estragos de la imposibilidad de viajar durante el impacto de la covid. La pandemia golpeó, además, a un Leicester en ascenso y con vistas a asentarse entre los candidatos a entrar sí o sí en Europa cada año. Se firmaron grandes contratos y se gastó dinero sin tener en cuenta que la pandemia arañaría muchas de esas esperanzas.
Ahora, el Leicester afronta 16 jornadas por delante en las que solo tiene dos opciones, mantener o caer a la League One y convertirse en el último juguete roto del fútbol inglés, condenado por sus malas finanzas y sus erróneas perspectivas. Un final cruel para el club que en 2016 hizo soñar a todo el fútbol que incluso lo más difícil a veces se hace realidad.
Manuel Sánchez Gómez