14h47 CET
24/02/2026
Madrid, 24 feb (EFE).- En Dortmund hay algo que ya han visto antes. No es una repetición exacta, pero sí un eco reconocible. Un Bellingham vuelve a mandar en el centro del campo del Borussia. Esta vez no es Jude. Es Jobe. Y ya pide paso para escalar hacia la cima.
Hasta mediados de enero, el pequeño de los Bellingham fue una promesa en fase de adaptación, un apellido ilustre que entraba y salía del once con la prudencia habitual que se tiene con los jóvenes en Alemania: paciencia, método y examen continuo.
Pero desde entonces encadenó nueve titularidades consecutivas entre Liga y 'Champions'; y ha dejado de ser un proyecto para convertirse en una certeza. Hoy, Jobe Bellingham es el eje del Dortmund.
El camino tiene paralelismos inevitables. Entre 2020 y 2023, Jude creció en el Signal Iduna Park hasta convertirse en una figura mundial y abrirse la puerta del Real Madrid a golpe de personalidad.
El club blanco pagó más de 100 millones por él porque detectó lo que Dortmund ya sabía: liderazgo precoz y jerarquía natural.
Jobe no es una copia, pero sí comparte algo difícil de enseñar: carácter competitivo.
Su aterrizaje fue progresivo. Niko Kovac, técnico poco amigo de regalar minutos, lo fue soltando con cuentagotas. Hubo un gesto de valentía en el Mundial de Clubes, cuando decidió alinearlo en el segundo partido del torneo. Respondió con personalidad y repitió titularidad el resto del campeonato. Parecía el despegue definitivo.
Sin embargo, el arranque oficial de la temporada le devolvió al banquillo, aunque el punto de inflexión llegó por la vía más clásica del fútbol: una lesión. Marcel Sabitzer cayó en la jornada 16 de la Bundesliga y la puerta se abrió. Desde entonces, nadie la ha vuelto a cerrar.
Bellingham ha disputado 662 de los últimos 720 minutos posibles. Y el Dortmund, que deambulaba con ciertos desequilibrios, encontró la estabilidad. Con Jobe en el campo: seis victorias y un empate en la Bundesliga. No es casualidad.
Su consolidación coincidió con la mejor versión colectiva. En la ida de los dieciseisavos de final de la Liga de Campeones, ante el Atalanta, firmó un buen partido, de los que pesan. El 2-0 en el Signal Iduna Park llevó su firma invisible: equilibrio, lectura y despliegue. Incluso con el regreso de Sabitzer, Kovac ya no lo mueve y no escatima en elogios.
"Está mucho más en forma que en verano. Ahora actúa con mayor rapidez. Es un auténtico profesional. Se nota que juega prácticamente todos los minutos. Aún tiene margen de mejora, pero estoy muy satisfecho con su nivel", explicó antes de medirse al Leipzig el pasado fin de semana.
Precisamente ante el Leipzig, Kovac probó juntar a Sabitzer, Nmecha y Jobe en un intento por acumular talento en la sala de máquinas. La idea era seductora; la ejecución, menos. El Dortmund se atascó y rescató un 2-2 sobre la bocina gracias a Fábio Silva. Demasiados generadores y poca armonía. No siempre más es mejor.
Este miércoles, todo apunta a que Jobe volverá a ser titular frente al Atalanta. Será otra noche de focos europeos. Ahí es donde se miden las trayectorias y donde Jude se forjó un nombre de verdad con aquel título en su primer curso con la camiseta del Real Madrid.
Jobe, mientras tanto, avanza con paso firme, decidido a dejar de ser "el hermano de" para convertirse simplemente en Bellingham. Y en Dortmund ya saben lo que eso significa.
Juan José Lahuerta